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Como mantener el compromiso con mi práctica

Este post nace a raíz de una pequeña encuesta que hice entre l@s alumn@s del centro, sobre como habían conocido el centro, que añadirían o cambiar, que es lo que más les gusta o les motiva a venir y si se sentían comprometidos con su práctica y su autocuidado.

Y lo que más me ha sorprendido es la falta de compromiso que tenemos con las cosas que nos hacen bien, pero que requieren un esfuerzo.


Much@s alumn@s me decían que no sabían cómo comprometerse a venir de manera regular a clase. La pereza, las obligaciones y las autoexcusas que se ponen hacen que su práctica sea inconstante. Y aun reconociendo que salen de la clase sintiendo muy bien, son incapaces de mantener una rutina.

En nuestro centro no existe grupos cerrados, dejamos el horario abierto para que el alumno se pueda adaptar a cambios de horarios en el trabajo, o imprevistos que puedan surgir, también para que puedan acceder a distintos estilos de yoga.

Y es verdad que hay un grupo de alumnos muy constantes y que no faltan casi nunca, pero también hay algunas que puedes pasar meses sin que pisen el centro.


¿Cómo se consigue esa constancia?

Dándote prioridad a ti, y a tu salud. A todos nos apetece llegar de trabajar y tirarnos en el sofá, y está muy bien si lo haces de vez en cuando. Pero todos sabemos que eso tampoco lo hacemos, siempre hay cosas que hacer u obligaciones que atender.

Una manera de darnos es prioridad y mantenerla es marcándote un día o dos (o los que necesites) a la semana, fijos en tu agenda, igual que vas a trabajar o llevas a los niños a su actividad extraescolar (y seguro que a ellos no les dejas que se escaqueen) y respetarlo. Si tu respetas ese tiempo, los que están a tu alrededor también lo harán. Y si uno de los días marcados no puedes ir, ven otro día, no pierdas tu clase.


Pero la realidad es que no siempre estamos ocupados, muchísimas veces lo que hay es pereza. Y ahí nadie puede hacer nada por ti, vencer la pereza está en tus manos. La pereza muchas veces nos lleva hacia el sedentarismo, el cual nos lleva a corto o largo plazo a una mala salud. El cuerpo necesita movimiento para mantenerse saludable. Necesitamos mover la musculatura y las articulaciones para no perder movilidad.


Darle movimiento a la musculatura, nos ayudará a proteger nuestros huesos de problemas como la osteoporosis, además de favorecer la circulación sanguínea y linfática. El ejercicio físico suave es necesario para nuestro cuerpo, y la parte física del yoga nos ayuda mantener nuestro cuerpo en óptimas condiciones facilitando que las funciones de los distintos sistemas del cuerpo se puedan realizar de la mejor manera. Con la práctica estimulamos los distintos sistemas del cuerpo, muscular, óseo, digestivo, respiratorio, circulatorio…


Y ese ejercicio suave se hace imprescindible cuando aparecen ciertas enfermedades que trastocan nuestra vida como fibromialgia, cáncer, trastornos neurológicos, depresión... La movilidad del cuerpo se ve reducida y se puede sentir que el cuerpo no responde, y no es el que era. En esos casos mantener una práctica suave pero continuada es necesario para frenar los efectos de la enfermedad y no perder más movilidad. Mimar el cuerpo y cuidarlo dentro de las posibilidades de cada uno es de vital importancia. Además ese ejercicio y la determinación de decidir cuidarte ayuda a estar más fuerte mentalmente.


Es a través de la disciplina, de la paciencia y de la constancia, como se pueden sentir los efectos beneficiosos que tiene el Yoga en el individuo. Piensa cuanto te dura la sensación de bienestar después de una clase e imagina como sería poder mantener esa sensación mucho más tiempo. La constancia y la disciplina, que en un principio son duras de mantener, son las que a largo plazo van a conseguir que la sensación de bienestar se mantenga, en tu cuerpo y en tu mente.


En los momentos de pereza recuerda cómo te sientes cuando sales de clase y piensa cual es el motivo que te llevó a buscar o a iniciarte en la práctica de yoga. Entender cuál fue esa motivación te ayudará a volver a sentirla, sobre todo si has sentido cambios y transformación en tu cuerpo y en tu mente. Motivos para practicar hay muchos y tu objetivo puede variar dependiendo de la época de tu vida en la que te encuentres. Ese objetivo podría ser mantener tu salud, generar bienestar, reducir el estrés, evitar la ansiedad, conectar con uno mismo, etc.


Resumiendo, pasos a seguir cuando surge la pereza y las excusas (reales o no):


1. Agenda tu clase como si fuera tu cita con tu médico, ineludible, y respétala.

2. Recuerda lo bien que te sientes al salir de clase.

3. Mantén presente el motivo u objetivo que buscabas al apuntarte.

4. Piensa en tu práctica como una medicina preventiva, sin contraindicaciones

( dormirás mejor, te sentirás más ágil, regularás tu sistema nervioso,…)





Si no te cuidas ahora, quizás tendrás que curarte luego.


Yo decido cuidarme,

no dejo esa labor en manos de otro,

me comprometo conmigo,

me elijo,

me mimo,

me amo.


Namasté

Love and light


Sonia Rodrigo

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