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Constancia y flexibilidad más allá de lo físico.

“Uno mismo puede regalarse la luz. Pero también uno mismo puede quitársela”. Siddharta Gautama


¿Cuántas veces has escuchado o has dicho, el yoga no es para mi, yo no soy flexible o yo soy muy nervioso?


Empecemos por definir flexibilidad. Según el diccionario flexibilidad es:


1. Capacidad de doblarse un cuerpo fácilmente y sin que exista peligro de que se rompa.


2. Capacidad para adaptarse con facilidad a las diversas circunstancias o para acomodar las normas a las distintas situaciones o necesidades.


Sin entrar hoy en hablar de anatomía, hemos de diferenciar entre flexibilidad y elasticidad. La flexibilidad es la capacidad que tiene una articulación para realizar un movimiento articular con la máxima amplitud posible y la elasticidad es la capacidad de los músculos y tejidos de sostén de recuperar su forma tras un estiramiento.


La flexibilidad no es una premisa necesaria para empezar a practicar yoga. La flexibilidad física llegará poco a poco si mantienes una práctica regular, pero el proceso de flexibilización va mucho más allá de lo físico. El cuerpo se expande, pero también el corazón y la mente, se amplia nuestra capacidad de amar y de perdonar, y ahí es donde reside la magia del yoga.


Yo necesito comprobar las cosas para creérmelas, así que cuando hace años leía que el yoga te cambia la vida, arrugaba un poco el morro y pensaba, si claro, hacer cuatro posturas te va a cambiar la manera de ver la vida. Pues hoy, después de muchos años de practicar, afirmo rotundamente que sí, que el yoga te transforma en muchos aspectos. Además de tomar conciencia corporal, generar espacios en el cuerpo y sentirte mejor físicamente, el yoga nos enseña a vivir el momento presente, aceptar y adaptarnos a las situaciones que se van planteando en la vida. El yoga nos hace flexibles física y mentalmente.


Pero este trabajo de cambio no es un proceso rápido, requiere de mucha perseverancia. La flexibilidad física y mental es constancia, no es dolor ni fuerza bruta, es el poder soltar las expectativas, el ego, el apego y las tensiones.


Y aquí es cuando aparece Abhyasa, que se define como el arte de aprender lo que hay que aprender a través del cultivo de la acción disciplinada. Esto implica un esfuerzo prolongado, continuo y perseverante, para conseguir un estado de tranquilidad estable. La práctica constante nos ayudará a pulir y profundizar no sólo en las posturas sino también, en nuestro estado mental, emocional y espiritual.


Lo difícil no es la práctica en sí, eso va a ir evolucionando de manera natural, lo difícil es mantener la constancia, ya que solemos encontrar muchas excusas para escaquearnos. Detrás de esas excusas se pueden encontrar entre otras muchas cosas, falta de organización, exceso de responsabilidades, expectativas irreales, necesidad de conseguir las cosas de forma inmediata, desgana, dificultad a decir no, autoengaño, sensación de ser imprescindibles para que todo funcione a nuestro alrededor, etc. Hay personas que viven permanentemente en la excusa.


Si despejas todo ese espacio que ocupas en tu mente llenándola de excusas, encontrarás la motivación para cuidarte. No repitas “ojalá fuera tan fácil o no puedo”, cuando muchas veces ni siquiera lo intentas. Todo depende de cómo manejes tus pensamientos. Aprender a trabajar las resistencias, haciendo desaparecer la duda, y el miedo, aceptando nuestras propias limitaciones y decidir que todo es cuestión precisamente de eso, de decisión. Decide llenar tu mente de luz, de color y de posibilidades bonitas.




“La persona que quiere hacer algo siempre encuentra la manera, la persona que no quiere hacer algo siempre encuentra una excusa”. ¿Qué tipo de persona eres tú?


En esta sociedad que vivimos, el sentimiento de culpa está muy arraigado, y dejamos nuestro cuidado para lo último, porque está mal visto anteponer nuestras necesidades a las de los demás. Y así vivimos, agobiados por el trabajo, la casa, la familia, sin tiempo para nosotros mismos y sintiéndonos culpables si nos dedicamos un ratito a hacer algo para nuestro bienestar. Cuando, si nos permitimos esos ratitos, nuestro cuerpo y nuestra salud mental nos lo agradecerán. Y los que están nuestro alrededor también, porque si tu te sientes bien, mejora el trato que tienes con el resto del mundo.


Ten claro que, si no encuentras tiempo para cuidarte, tendrás que encontrar tiempo para curarte. Tu cuerpo tiene la habilidad de adaptarse al uso que le das. Se adapta a estar 8 horas sentado delante de un ordenador, a ir todo el día acelerado, al estrés. Eres tú, quien decide que estímulos le das para desarrollar toda su capacidad y potencial de movilidad. Muchas veces no es que tu cuerpo funcione mal, es que se ha olvidado de como hacerlo bien. El día que menos ganas tienes de entrar en la esterilla, es el día que más lo necesitas, pero menos consciente eres de ello. Pero también es el día que más satisfecho y agradecido sales de tu práctica.


La próxima vez que alguien te diga que no es flexible no hay duda … necesita yoga.


Namasté

Love and light


Sonia Rodrigo


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