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Otoño, tiempo de soltar para crecer



El otoño es la estación de la transición, del cambio de ciclo. El final del verano cierra una etapa, y el otoño nos prepara para el nuevo ciclo que dará comienzo en invierno. Tanto la Naturaleza como nosotros nos preparamos durante el otoño soltando lo que no necesitamos, para dejar espacio a lo nuevo que está por venir. Se produce un cambio, según la Medicina China, del yang hacia el yin, pasando de una energía más extrovertida a una más introvertida. Con la llegada del frío empezamos a llevar la energía más hacia dentro, y es un buen momento para tomar conciencia de cómo nos sentimos, y reflexionar y procesar todo lo que nos ha aportado el ciclo que se acaba.


Para muchos de nosotros el otoño conlleva una sensación de inestabilidad física, mental y emocional. El cambio de hora, la reducción de horas de luz y la llegada del frío influyen, también en nuestro estado anímico. Aparecen síntomas como cansancio, apatía, astenia, dolores físicos, nos cuenta movernos y aparecen las ganas de recogimiento.






La práctica de yoga, independientemente del estilo, es una práctica de autoconocimiento, y nos ayuda a reconocer estas sensaciones y aceptarlas como parte de un proceso natural. Pero de todo el abanico de estilos de yoga que hay, el Yin yoga es el más indicado para trabajar el efecto de los cambios estacionales en nuestro cuerpo.


El Yin es un estilo de yoga en el que se mantienen las posturas sin acción muscular, y en el que aprendemos a dejar ir la necesidad de control y de acción, tanto física como mental.


En Yin yoga podemos trabajar centrándonos solo en la parte más física y tangible, trabajando posturas que nos ayuden a estirar la fascia y a volver a abrir espacios físicos (y también emocionales) que estaban cerrados o bloqueados.

Pero trabajar solo la parte física sería desaprovechar los beneficios que podemos obtener del Yin. Podemos ampliar el trabajo teniendo en cuenta la Teoría de los 5 elementos de la Medicina China.


Esta teoría se basa en la capacidad de observación y la unión con la naturaleza y sus ciclos. Relaciona las estaciones del año con elementos de la naturaleza, y estos a su vez con órganos del cuerpo. En el concepto taoísta los órganos no son solo partes físicas, sino que son funciones, y estas funciones no están en un solo lugar, sino que residen en todo el cuerpo, en cada célula. Por ejemplo, las funciones de respiración (pulmón) y de eliminación (riñón), no se dan solo en el pulmón o en el riñón, si no que se realizan en cada una de las células del cuerpo, ya que cada una de ellas necesita alimentarse y nutrirse y eliminar sus desechos.


Según esta teoría, el otoño se relaciona con el elemento metal que a su vez está ligado a los meridianos de pulmón e intestino grueso. El color que lo representa es el blanco y la emoción es la tristeza.


La función fisiológica de los pulmones es administrar correctamente la respiración y la del intestino grueso es absorber el agua y eliminar los deshechos. Los pulmones son el enlace entre el Qi (energía) externo y el Qi interno.


Cuando el elemento metal está fuerte mantiene a la persona en un movimiento suave de tomar y dejar ir sin apegos patológicos.


Síntomas de desarmonía de meridiano de pulmón:

· Tristeza, apatía, melancolía

· Falta de confianza en uno mismo, autoestima baja


Síntomas de desarmonía de meridiano de intestino grueso:

· Intranquilidad mental, confusión

· Apego al pasado y dificultad para desprenderse de situaciones pasadas y en asimilar las nuevas


En definitiva, un elemento metal equilibrado ayuda a dejar ir, en cambio cuando está débil, se aferra a situaciones o personas y no las suelta.


Un exceso de apego o de necesidad de control, nos impide crecer y evolucionar de forma saludable. Las experiencias pasadas, buenas o malas, son las que nos nutren y nos enseñan.


En Yin yoga a través de posturas que trabajan el recorrido de los meridianos podemos equilibrar el flujo de energía que circula por ellos. Además, podemos potenciar el efecto de la práctica utilizando aceites esenciales.


Los aceites esenciales más indicados para esta época son: bergamota, ciprés, lavanda, incienso, pachuli, salvia, pino, ylang-ylang, canela y cítricos (limón, naranja, mandarina).


A nivel emocional las propiedades de los aceites pueden variar de una persona a otra. El olfato está directamente relacionado con el Sistema Límbico, y este es el responsable de los procesos de aprendizaje y de la memoria. Por eso, olores que suelen ser relajantes o calmantes para la mayoría de personas, para otras, según la memoria o los recuerdos, pueden conseguir el efecto contrario. Además las sensaciones que nos provocan los aceites pueden variar en diferentes momentos de nuestra vida.






Seguidamente podéis leer el Cuento del desapego, donde nos es muy fácil entender esa necesidad de soltar para crecer. Quizás te pueda servir para llevarlo a tu día a día.




CUENTO DEL DESAPEGO


Había una vez un árbol de hoja caduca que placenteramente, se erguía en una pradera. Su copa era grande y espesa con hojas de todos los tamaños apoyadas sobre sus ramas fuertes. Su tronco servía de hogar para multitud de insectos y pájaros que no dudaban en hacerle un agujerito para vivir.

Nuestro protagonista amaba su vida, con multitud de colores, formas y especies, pero un buen día al llegar el invierno, noto que sus hojas se iban cayendo. Nada extraño en un árbol de hoja caduca, que cada año renueva sus hojas, pero aquel año empezó a tener miedo por si acaso, no volverían a brotas sus amadas hojas que tanta vida le daban.

De esta manera, se fue aferrando cada vez más a sus hojas, impidiendo que se soltasen. Poco a poco, los animales con la llegada del invierno, se fueron yendo a sus guaridas a invernar y nuestro árbol se fue quedando solo, como de costumbre en estas fechas, pero no podía dejar de sentirse triste.

Pensó que, a la llegada de la primavera, volverían los pajaritos a su copa, las hormigas a recorres su tronco y los conejos a refugiarse en sus pies, pero no fue así. Seguía aferrado a sus hojas, y ahora solo era el fantasma de lo que fue, sus ramas eran débiles, su tronco escueto y se inclinaba un poco, seguramente del pesar que sentía. No podía dejar soltar sus hojas, porque le habían aportado tanta felicidad, que decidir despedirse de ellas significaba enfrentarse a la idea de no volver a vivir lo que había vivido con ellas. Le daba pánico el futuro, quería desesperadamente parar el tiempo y vivir cada día de su vida, las experiencias que había tenido. Ahora, no se le acercaba nadie y solo le quedaba rememorar sus años felices vigilando las hojas para que no se les llevara el viento, su única esperanza para que volviesen los animales.

Un alto roble que estaba junto a él le dijo:

-Puedes estar mucho mejor, sueltas tus hojas, ábrete a nuevas experiencias. Las experiencias que viviste hace tiempo ya pertenecen al pasado y como tus hojas, están muertas.

-Mis hojas no están muertas. Seguramente alguien vendrá y apreciará mi belleza.

-¿Quien? Nadie se acerca a un ser vivo que solo es el reflejo de lo que fue y la huella de su tristeza. Prueba a soltar una hoja, ya verás lo que ocurre.

El arbolito soltó una hoja con muchísimo temblor y confiando de que, por una, no pasaría nada. En el mismo instante en que la soltó, la savia empezó a circular por donde había estado la hoja y una agradable sensación de fuerza y vida recorrió toda la rama La hoja que soltó, termino formando hongos que iban descomponiendo la hoja para nutrir el suelo. Al cabo de los días, pequeños tallos de hierba empezaron a brotar en del lugar donde se había desecho la hoja.

Alucinado, decidió entonces soltar más hojas, no todas, todavía tenía que ir con cuidado, y observar que pasaba.





Al cabo del mes se llenó de hierba el suelo y sus ramas empezaron a tener hojas y a ser fuertes de nuevo. La hierba atrajo hormigas y algún que otro animal que se quería refugiar en su sombra.

Para el verano, ya era el árbol que siempre fue, pero más sabio y fuerte. Llego a la conclusión que los pequeños cambios pueden generan un montón de vida, pero para que sucedan debes soltar las cosas antiguas para dejar hueco a las nuevas, teniendo la seguridad de que por cada hoja que sueltes aparecerá otra, sirviendo la antigua de nutriente para el suelo o comida para las hormigas atrayendo, de este modo más vida a tu alrededor.


Permítete soltar lo que ya no te sirve y deja espacio para todo lo bonito que está por venir, sin miedo.


Namasté

Love and light


Sonia Rodrigo

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